Hola,
esta semana he vuelto a escuchar la frase. "Lo tengo todo en la cabeza." La dijo un empresario con un negocio que funciona, quince años de oficio, y la dijo con orgullo.
Le propuse una prueba que no falla: escríbelo. Una hoja. Qué vendes y a quién, por qué a ti, qué NO haces. Sin preparar nada.
No la terminó. Y no porque no supiera de su negocio —nadie sabe más que él—, sino porque al escribir aparecieron las grietas: "qué vendo" le salió en cuatro versiones distintas, "por qué a mí" se quedó en un "por confianza" que no aguanta un empujón, y "qué NO hago" estaba en blanco. Que es justo por lo que acepta encargos que le comen el margen.
Ahí está la diferencia entre una intuición y una estrategia: la estrategia cabe en una hoja. La intuición se deshace cuando intentas escribirla.
El ejercicio (media hora, esta semana):
Veinte minutos: cuéntale tu negocio a la IA como se lo contarías a un amigo. Hablando o escribiendo, en bruto, con contradicciones. Qué vendes, quién compra, qué te preocupa, qué aceptas aunque no deberías.
Pídele esto, literal: "Colapsa lo que te he contado en una hoja con cinco preguntas: qué vendo y a quién · por qué a mí · qué NO hago · qué será verdad dentro de un año · qué construyo este mes. Proponme además UNA cifra para vigilar cada semana. Donde me haya contradicho, señálalo."
Diez minutos: tacha. Esa es la parte que no se delega. La máquina destila; decidir qué se queda es tuyo.
Si la hoja te sale entera y sin atascos, enhorabuena: tienes estrategia, y ahora tienes dónde mirarla cada semana. Si te atascas en una pregunta, mejor todavía: acabas de encontrar, por el precio de un folio, el agujero que el mercado te habría cobrado bastante más caro.
Una idea para llevarse: un negocio que cabe en una hoja se dirige. Uno que vive en tu cabeza solo se sufre.
Si haces el ejercicio y me cuentas en qué pregunta te atascaste, te leo: respondo todos los correos. Y el jueves, en el canal de Youtube, sigo con la serie.
Marcos
